TÍTULO: EL VERANO EN QUE MI MADRE TUVO LOS OJOS VERDES
AUTORA : TATIANA ȚÎBULEAC
GÉNERO: NOVELA CONTEMPORÁNEA
EDITORIAL: IMPEDIMENTA
TRADUCTOR: MARIAN OCHOA DE ERIBE
PÁGINAS: 256
Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre. Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que está sufriendo como pintor, Aleksy no tarda en sumergirse en su memoria y vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando llegaron a aquel pueblecito vacacional francés: el rencor, la tristeza, la rabia.
¿Cómo superar la desaparición de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechazó? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo? Este es el relato de un verano de reconciliación, de tres meses en los que madre e hijo por fin bajan las armas, espoleados por la llegada de lo inevitable y por la necesidad de hacer las paces entre sí y consigo mismos. Plena de emoción y crudeza, Tatiana Ţîbuleac muestra una intensísima fuerza narrativa en este brutal testimonio que conjuga el resentimiento, la impotencia y la fragilidad de las relaciones materno filiales. Una poderosa novela que entrelaza la vida y la muerte en una apelación al amor y al perdón. Uno de los grandes descubrimientos de la literatura europea actual.
Mi opinión
¡Hola, amigos!😃🌻Hoy comienzo con alegría esta nueva entrada , ya que estoy feliz de compartir con ustedes, la reseña de un libro que me ha emocionado mucho y creo que será del agrado de muchos lectores.
Hoy les traigo la reseña del libro: El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Tibuleac, una lectura que nos dejará reflexionando sobre los lazos familiares y las heridas que muchas veces guardamos y no sanamos.
Dicho esto, empecemos con la reseña...
“Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás.”
Así empieza esta lectura… Aleksy, nuestro protagonista, no duda en describir a su madre de una manera bastante despectiva y podemos notar desde un inicio, que él siente que su madre no lo quiere.
Era el último día de clases, por lo que se despidió de sus mejores amigos Jim y Kalo. Cada uno con una historia de vida diferente, pero todos unidos por la incertidumbre del futuro. Y es que, esta no era una escuela cualquiera, todos estaban ahí por alguna razón.
Ese verano vuelve a la mente del protagonista, recuerdos de su madre y de la vergüenza que sentía cuando lo iba a recoger a la escuela y las risas de sus compañeros.
Su padre se divorció de su madre y se fue con una polaca. Aleksy se quedó con ella y aunque para el mundo, su madre no era tan agraciada, había algo que resaltaba en ella y eran sus hermosos ojos verdes.
“Los ojos de mi madre fea eran los restos de una madre ajena muy guapa.”
Los médicos pensaban que Aleksy se había vuelto violento a causa de la muerte de su hermana Mika, mientras que otros pensaban que era por culpa de su madre, ya que, después de la muerte de su hija, se encerró en su cuarto por siete meses y no habló con nadie. Nadie podía culparla por esa reacción, pues había perdido a su querida hija, pero Aleksy hubiera querido que ella no se olvidara de él y al menos le preguntara cómo se sentía y a pesar de su corta edad, la habría comprendido, pero ella optó por no decir nada y alejarse.
Ese abandono quedó marcado en su corazón, por lo que fue difícil de olvidar.
“Durante todos aquellos meses la mujer que me había parido no me miró una sola vez, como si yo fuera un hueco vacío. Como si yo hubiera matado a su Mika. Recuerdo cómo me acercaba a ella llorando e intentaba abrazarme a sus rodillas o a su cintura —más arriba no llegaba jamás—, y ella me apartaba con un puntapié como a un perro piojoso.”
En esa época, su padre bebía mucho y la única “normal” era su abuela, quien lloraba por la nieta que había perdido y por su hija, que no quería saber nada con el mundo exterior. Cuando regresaron del cementerio, la abuela decidió cerrar su tiendecita y su casa y se fue a vivir con ellos, así podría cuidar de Aleksy y de su hija.
Después de varios meses, su madre finalmente reaccionó. Una noche, Aleksy se hizo daño, golpeando varias veces su cabeza contra los azulejos del baño, por lo que su madre llamó a su padre, quien estaba bajo los efectos del alcohol, y lo llevaron al hospital.
Este fue solo el comienzo en el que Aleksy vivió situaciones difíciles, por lo que fue trasladado a un lugar más adecuado a sus necesidades, del que no salió hasta los dieciocho años. Aleksy crecía con el resentimiento y odio hacia su madre, entre medicinas y tratamientos para calmarlo y lo único que le divertía era pasar el tiempo con sus amigos Jim y Kalo. Ellos habían planeado pasar unos días en Ámsterdam, donde podrían estar con mujeres y fumar hasta más no poder. Él había estado ahorrando para eso, pero su madre tenía otros planes y le pidió que la acompañara a pasar el verano en un pueblito en Francia y que después de eso, él podría hacer lo que quisiera.
Su madre se empeñó tanto en que la acompañara, que Aleksy accedió, sin saber que ese verano le traería más de una sorpresa.
La casa donde llegaron era húmeda y antigua, Aleksy se la pasaba fumando, comiendo palomitas, tomando pastillas y odiando a su madre.
Muchas veces se ponía a pensar qué hubiera sido de ellos si Mika no hubiera muerto, ya que era ella quien los mantenía unidos.
"Ojalá hubiera muerto mi padre en su lugar.Si la muerte tuviera en cuenta la opinión de los demás, moriría mucha más gente adecuada.”
Pasaron los años y Aleksy se convirtió en pintor. Después de un bloqueo creativo, es animado por su psiquiatra a recordar épocas pasadas, en las que su madre seguía viva y rebobinar un verano, ya casi olvidado. Para su sorpresa, los recuerdos empezaron a fluir, pues cosas que pensaba que las había olvidado, habían quedado grabadas en su memoria.
Esto lo llevaría a recordar a su madre, recordar la enfermedad que la iba consumiendo y en todo el tiempo que pasaron juntos ese verano por última vez.
Un verano que quedaría en su memoria, para siempre…
“Habría querido tirarla de la silla de una patada, como había hecho ella conmigo a lo largo de aquellos siete meses. Me habría gustado meterle aquel amor por los ojos a puñetazos y decirle que se lo guardara para el otro mundo, en el que, si tenía suerte, conseguiría engatusar a alguien y convencerle de que era capaz de amar.”
Una madre… Un hijo…Un verano
Con una prosa poética que engancha al lector, la autora nos regala una historia emotiva y desgarradora por momentos. El libro está narrado en primera persona, lo que nos permite entender los sentimientos del protagonista.
El ritmo es fluido y se mantiene a lo largo del libro. La trama logra atraparnos con esta historia melancólica, llena de emociones y que logró llegar a mi corazón.
Temas como el resentimiento, el rencor, el abandono, el arrepentimiento y el perdón, se tocan a lo largo de esta lectura, siendo testigos de primera mano, de las heridas del alma del protagonista. Esto me llevó a reflexionar, pues nunca es demasiado tarde para sanar las heridas familiares.
Cada personaje es fácil de identificar y cada uno tiene un papel importante en la historia.
No les negaré que esta es una lectura bastante dura y muy emotiva, pues nos muestra la tensa relación de una madre y su hijo, que solo busca la redención, pero está tan bien contada, que no se me hizo pesada y no pude parar de leer hasta llegar al emocionante final.
Si quieres descubrir una historia emotiva entre una madre y su hijo, con una prosa poética, dulce y desgarradora, que nos habla desde el amor, el abandono, el resentimiento y la reconciliación, este libro es para ti.
Espero se animen a leer y disfrutar de tan buena lectura.
¡Besos!😘😘📚🌷
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